Fraile dominico en la Española y posteriormente obispo en Chiapas, Bartolomé de las Casas (1484-1566) es una figura clave del pensamiento humanitario e incluso proto-liberal en la España del siglo XVI. Dedicó su vida a denunciar las atrocidades que contra los indígenas americanos estaban cometiendo tanto las autoridades civiles como las eclesiásticas y los buscadores de fortuna que se trasladaban al Nuevo Mundo y se creían con derecho a abusar de sus pobladores autóctonos. Con una prosa directa y asequible, el poderoso alegato de Las Casas presenta ante el príncipe Felipe —el futuro rey Felipe II— la realidad de un mal ya generalizado en las posesiones de ultramar, pese a que apenas habían transcurrido unas décadas desde el inicio de la colonización.
La Corona actuó desde el primer momento como supuesta valedora de los indígenas, e incluso creó la institución del Protector de los Indios, cuyo primer titular fue precisamente el fraile sevillano, pero los abusos continuaron, se intensificaron con el paso de los siglos y fueron heredados por las élites criollas que llevaron a sus países a la independencia. Casi quinientos años más tarde, y por más que Las Casas se haya visto incesantemente vituperado por el nacionalismo español —que ve en él a uno de los culpables de la “leyenda negra”—, su detallado informe es precisamente un ejemplo de defensa temprana de la dignidad humana que sólo puede enorgullecer a los españoles de ideas liberales.








